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El Proyecto de Renovación de la Iglesia local o Diócesis (PRD)
Este proyecto no es más que la consecuente y lógica ampliación y aplicación del Proyecto de Renovación Parroquial a todas las realidades existentes a nivel diocesano: personas, grupos e instituciones. Supone el consenso y la cooperación orgánica de todos los agentes de pastoral -presbíteros, religiosos, religiosas y laicos comprometidos- y exige la coordinación dinámica de toda la acción pastoral que se desarrolla a nivel parroquial, de decanato y diocesano y de todos los campos en que esa acción se desarrolla: liturgia, catequesis, caridad, jóvenes, familia, sectores varios, multitudes, agentes, estructuras de propuesta, de decisión, de conducción y de actuación orgánica, etc.
En Agrigento en 1983 y en Glasgow en 1985, después de algún esfuerzo fallido, se hace el primer análisis y diagnóstico de la diócesis, se definen los niveles de planificación, y se decide el primer plan de conjunto y se inicia su aplicación. Pero, estas dos experiencias pusieron en evidencia la necesidad de obtener un consenso previo por parte de los agentes de pastoral. Estos necesitan sentirse protagonistas del plan no sólo en el sentido de decidirlo sino también de participar, en alguna medida, en su elaboración. Esta carencia inicial creó en algunos una reacción contraria que se ha arrastrado hasta hoy sin poder superarla a pesar de las múltiples explicaciones que se han dado.
Entre tanto en Colombia, al igual que en Chulucanas, el clero de la diócesis de S. Gil, en 1980, decide iniciar en todas las parroquias la puesta en marcha del Proyecto de Renovación Parroquial. Más tarde iniciarán la misma experiencia en la Arquidiócesis de Tunja. Lo mismo acontece en Papua Nueva Guinea, donde siete diócesis deciden iniciar el Proyecto de Renovación Parroquial en todas sus parroquias (1980/1985). Son diócesis en las que los agentes de pastoral deciden un objetivo estratégico común o diocesano: realizar el Proyecto de Renovación Parroquial en todas las parroquias. Pero esto no significaba tener un plan diocesano: no quedaban involucrados los organismos diocesanos ni las parroquias procedían a un mismo ritmo ni quedaban involucrados los movimientos, grupos y asociaciones apostólicas a nivel diocesano.
Estas experiencias, incluida la de Chulucanas, con todos los esfuerzos que ello implicaba, crearon las condiciones iniciales y obligaron a profundizar el tema de la planificación diocesana. Además de otras reflexiones menores, en 1985 se realiza un encuentro de quince días, en Funza (Colombia) -con la participación de doce personas: algunos Vicarios Episcopales para la Acción pastoral y otros miembros del GP de Colombia, de Méjico y del Centro Internacional- sobre la estrategia con que comenzar la puesta en marcha del proyecto y sobre el organigrama "tipo" de la diócesis. Dos reflexiones que constituían la clave para pasar del nivel parroquial al diocesano. De esta reflexión, completada posteriormente con los Equipos Diocesanos de Animación Pastoral de las otras diócesis, surgieron: el Proyecto de Espiritualidad Diocesana o plan de la etapa previa al Proyecto de Renovación Diocesano y el esbozo de la organización diocesana. Se aclararon, así, tanto los criterios básicos de la organización participativa cuanto el lugar del clero, de los laicos, de los religiosos, de los movimientos, asociaciones y grupos apostólicos en el organigrama de la Iglesia local.
En 1986/88, se elabora un primer texto mimeografiado de "Notas para el Proyecto de Renovación Diocesano", en el que se incluían un conjunto de premisas necesarias para la comprensión de un plan de pastoral de conjunto, el planteo del problema y una exposición larga y detallada del Proyecto ideal. En 1988, se encuentra en Facatativá (Colombia) un grupo similar al precedente que estudia y verifica el texto antes dicho.
Ese mismo año, se inicia la planificación en cada diócesis: en San Gil y Tunja (1988) y en Chulucanas (1989) se elabora un plan-puente para pasar de la planificación parroquial a la de la diócesis y en Ipiales (1988) se planifica la etapa previa. En 1989, la Dirección General del GP organiza el primer encuentro de experiencias, al que participaron las diócesis de: Glasgow, Agrigento, San Gil, Tunja e Ipiales. El encuentro, además del intercambio de experiencias, sirve para la profundización del Proyecto.
Siempre en 1989, se clarifica el modo con que distinguir el nivel diocesano del parroquial. Se pasa de la planificación anual a la trienal, distinguiendo claramente entre planificación y programación. En todas las diócesis el plan diocesano se elabora para tres años, correspondientes a la duración de cada fase del proceso, dejándose a las parroquias y a los diversos organismos diocesanos la programación anual.
En este mismo año se realiza en Colombia el primer curso de mes a nivel Latinoamericano para capacitar a los Equipos Diocesanos de Animación Pastoral para la conducción y difusión del proyecto. También se hacen cursos de una semana para la presentación de la propuesta a los Sres. Obispos y otro sobre los "presupuestos" que fundamentan el proyecto.
Pero la experiencia nos enseñó a poner ante todo la espiritualidad de comunión como fundamento de todo el proceso. Para ello se iniciaron cursos de tres meses y que ahora se han reducido a mes y medio en los que se hace una lectura de los signos de los tiempos, se profundizan las actitudes de comunión y se capacita para la conducción del Proyecto. Destinatarios son los Agentes de pastoral, especialmente los Equipos Diocesanos de Animación Pastoral. Entre otras actividades de apoyo cabe destacar el curso-retiro para Sres. Obispos y Vicarios Episcopales para la Acción Pastoral sobre "Eucaristía, Proyecto de Renovación diocesano e Imagen del Obispo".
A partir de la reflexión antes dicha y de las primeras experiencias, ya en 1989 se definió el Proyecto de Espiritualidad Diocesano o Etapa Previa al Proyecto de Renovación de la Iglesia local o diócesis. Con ello parece que hemos aclarado el punto de partida: cómo poner a los agentes de pastoral en condiciones de elaborar el propio plan diocesano. Esta etapa previa consiste, como luego explicaremos en detalle, en un proceso de espiritualidad y metodológico que se ofrece a las diócesis para que sus agentes de pastoral definan un plan global, coherente con el Magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II. Se ofrece, además, nuestra experiencia y los materiales que hemos ido elaborando en las diversas experiencias.
A partir del 1989, hemos iniciado la difusión del Proyecto, tanto en Europa como en América Latina y se han capacitado seis Equipos para la difusión del mismo: dos en América Latina (1989 y 1992), dos en lengua inglesa (1992 y 1993), uno en lengua francesa (1993), otro en lengua italiana (1989-1993). Próximamente se capacitarán otros para Africa y Asia.
En 1992, después de años de reflexión, de experiencia parroquial y diocesana, se ha podido editar el libro: "Planificación Pastoral, Método Prospectivo". En 1993, a su vez, se publica, en español, el libro "Servir al pueblo desde la diócesis" o manual de la organización diocesana. Con ello, más una multitud de materiales de todo tipo, se puede hoy animar y acompañar con suficiente seriedad y serenidad las nuevas experiencias.
Hoy, a fines de diciembre de 1995, después de sólo cinco años, existen 50 diócesis que lo ponen en práctica, teniendo en cuenta las ya iniciadas y las que están iniciando: 38 en América Latina (Argentina, Colombia, Ecuador, Méjico, Puerto Rico, Perú, Venezuela), 6 en Europa (Escocia e Italia), 2 en Africa (Zaire y Camerún) y 4 en Oceanía (Papua Nueva Guinea). Otras están por iniciar. |
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Algunos frutos de las primeras experiencias
De las experiencias actuales la que va más adelantada es la de la diócesis de Chulucanas. Algunos datos pueden decirnos algo de dicha experiencia. Con 428.021 habitantes, parte en las montañas de los Andes y parte en el desierto que da al mar; con el 96% de católicos, 16 parroquias, 27 sacerdotes y 50 religiosas; con parroquias que además del centro parroquial tienen entre 50 y 182 caseríos y a los que se llega sólo en mula, en los 6 meses en que no llueve, se ha logrado:
+1.141 zonas pastorales que funcionan como si fueran parroquias: con Coordinadores, Asamblea, Grupos Familiares o pequeñas comunidades, Equipos de catequesis, de liturgia dominical y festiva, de ayuda fraterna, de administración...; otras zonas están en formación;
+más de 22.000 laicos comprometidos: 1.115 coordinadores de zonas, 1.167 responsables de la red de mensajeros y 2.315 mensajeros, 1.104 responsables de la liturgia, 1.169 responsables de la catequesis, 1.036 responsables de la ayuda fraterna, 1.090 responsables de la administración, etc, etc.;
+3.500 pequeños Grupos de Amistad Cristiana o Grupos Familiares, futuras Comunidades Eclesiales de Base; que funcionan gracias a 1.876 animadores y 1.881 moderadores, algunos de ellos cumpliendo las dos funciones.
Al inicio de la experiencia había 25 sacerdotes de los cuales sólo uno era peruano y diocesano, los demás eran todos religiosos provenientes de EE.UU., Italia y España. Actualmente hay 9 sacerdotes diocesanos y 18 religiosos, de los cuales 20 son peruanos y 7 extranjeros. Todo esto se ha logrado con la ayuda de Dios, la inmensa buena voluntad de la gente y la constancia, paciencia y esperanza de los agentes de pastoral, especialmente, con la generosidad y el sacrificio de un pequeño grupo de 5-7 personas (2 sacerdotes, 1 - 2 religiosas y 2 - 3 laicos) presidido por el Sr. Obispo.
Entre los muchos frutos que el Señor ha permitido gozar y gustar hay uno que, a nuestro juicio, parece sumamente importante para el futuro de la Iglesia: haber comprendido, primero intuitivamente y luego en forma refleja, que el Concilio Vaticano II al contemplar a la Iglesia como misterio de comunión, es decir como una realidad teologal, espiritual y visible, nos ofrece una espiritualidad de Iglesia o de Comunión, fundante de todas las otras espiritualidades en la Iglesia.
Además, poco a poco, se han descubierto tanto algunas de las componentes de esa espiritualidad como la ascesis que ella exige para poder traducirse en la práctica.
Así se ha llegado a la conclusión de que la planificación pastoral global, parroquial y diocesana, es ni más ni menos que el instrumento adecuado e indispensable de la Iglesia local para edificarse como comunidad-Iglesia, como comunión visible y orgánica, en fidelidad al Espíritu que es comunión. |